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Yo pensé que podía, me juré que podía, como fuera a olvidarte y empezar otra vida. Me perdi en otros brazos y sumando fracasos fui cayendo hasta el fondo sin hallar la salida, porque todo era poco, porque nada bastaba y contaba monedas cuando al fin compraba con un sojo de besos y una timida lluvia el volcan no se apaga. Que ganas tengo de volver a verte, que ganas tengo de golpear tu puerta, traer palabras para convencerte que aun es posible una vida nueva. Que ganas tengo de volver a verte, puedo morirme si de pronto un día en un descuido por mi buena suerte llego a encontrarte a doblar la esquina. Luego intento cansarme por llegar a la noche con el último aliento que me queda en la sangre y me tiro en el lecho con el cuerpo deshecho, con la mente gastada de pensar y pensarte. Una luna redonda que entra por la ventana y me mira asombrada porque sigo despierta y al llegar la mañana en silencio me deja con los ojos abiertos.