Amarte como lo hice yo, sin límite en el horizonte resulta siempre un juego peligroso porque al final el que mas dio es el perdedor. Amarte como lo hice yo, paseandome por ti la vida, gaste cien mil palabras en el viento, me entregue a cada momento para hacerte feliz. Amarte es mi pecado por no entender que nunca fuiste mío, por las ganas de llenar este vacío que se formó entre el sentimiento y la razón.