Es un pedido del corazón de sentirse amado por alguien. Pero ese alguien, muchas veces se fue. Ya no está más. Alguien ya no nos quiere. Es cuando sentimos el dolor de ya no ser en su vida, cuando un abismo nos abraza fríamente en la soledad de una habitación. Pero la vida continúa, todo a nuestro alrededor sigue su marcha tal como siempre y sin embargo, se nos hace un nudo en la garganta, una opresión que no nos abandona en ningún momento. Todo parece detenerse en el tiempo. Experimentamos la triste conversación con nosotros mismos. Qué difícil, Dios mío! decimos, ¿Qué hacer para recuperar su atención? ¿Qué hacer para recuperar su amor? Y se nos ocurren tantas cosas pero, ¿Vale la pena realmente? Sólo si enfrentamos la situación con cabeza fría sin compasión, ni miramientos de ninguna clase, entonces podemos estar cerca de sacar la mejor conclusión, aunque nos duela, pero al razonar, meditar y reflexionar, podremos decirle adiós desde el interior con menos sufrimiento y mayor fortaleza espiritual.

